Para todos a los que nos apasiona viajar es más que un placer relatar nuestras andanzas por el mundo.
En este caso la pasión toca techo porque contamos con el testimonio de alguien que conoce bien su tierra y que la vive desde una perspectiva realista y de bien querer.
Ciudad que empezó siendo un asentamiento tartésico allá por el siglo VIII aC. en el valle del Guadalquivir, y que hoy día cuenta con más de 700.000 habitantes en su área metropolitana, mucha historia y más de una leyenda a sus espaldas.
Hablamos de Sevilla.
Fue ciudad romana (Hispalis),Corte en el reinado Visigodo, capital de un reino de taifas tras la invasión musulmana y ya en el siglo XIII se incorporó a la Corona de Castilla y León. Con el descubrimiento de América se convirtió en centro económico del imperio y el Siglo XVI fue fundamental para su desarrollo a nivel arquitectónico y artesanal que en el S XIX acabó consolidándose gracias a la red ferroviaria.
Su casco histórico (uno de los más grandes de Europa) está plagado de arte, callejas, plazuelas y olor a naranjo y jazmin.
Yo que soy de Sevilla siempre invito a mis amigos a que vengan a verme en primavera, nadie debe perderse Sevilla en primavera: días de cielo azul, temperaturas templadas y jacarandas en flor, y me los llevo tempranito a dar un paseo por el centro dejando atrás la calle Luis Montoto.
Entramos por San Esteban, estrechita y larga que nos lleva justo a la Casa de Pilatos o Palacio de Medinaceli, residencia nobiliaria del siglo XVI con mezcla de estilos que van del mudéjar al barroco y que se situa frente a la Plaza de Pilatos, zona donde habitan personajes famosos como Nati Abascal y su hijo el Duque de Feria.
Continuamos por la calle Águilas teniendo cuidado con los coches que nos vienen por la retaguardia, (ya que apenas podemos ir por las aceras por lo inexistente de ellas en algunos tramos), hasta llegar a la Plaza de la Alfalfa, especialmente importante los domingos de antaño porque se llenaba de puestos de mascotas donde podían comprarse perritos, gatitos, pájaros cantarines, pollitos y demás animales. Y que es un sitio perfecto para sentarnos en los veladores del Horno San Buenaventura y deleitarnos con el ambiente.
Después caminamos hacia la Cuesta del Rosario porque así vamos directamente a la Plaza del Salvador con la Iglesia (donde se han casado muchos toreros) que lleva su nombre y que ha sido recientemente restaurada quedando magestuosamente espectacular:
Y de ahí, hacia la Plaza de San Francisco, que nos muestra las traseras del Ayuntamiento, aunque mucho tiempo atrás fue fachada principal.
Si damos la vuelta vemos la Plaza Nueva, lugar emblemático y ahora si, fachada principal del Ayuntamiento y confluencia de calles tan importantes como Tetuán (paralela a Sierpes), Bilbao o Zaragoza.
Podríamos ir a cualquier sitio desde aqui, pero no podemos dejar de ver el Patio de los Naranjos (en la calle Alemanes), patio de abluciones de la antigua mezquita árabe, ahora patio interior de la Catedral (que merecería un post exclusivo per se).

Salimos del Patio de los Naranjos(arriba) y volteamos hacia el alminar de la antigua mezquita, ahora campanario de la Catedral y mundialmente conocida como la torre de la Giralda, imponente y que da sombra alargada al precioso Palacio Arzobispal.
Ya que estamos aqui, justo en la esquinita antes de entrar por Mateos Gago hay una callejuela que se llama Don Remondo en honor al primer obispo que tuvo la ciudad, y que da sitio al hotel Doña María. entramos y subimos a la última planta, a la terraza, para acomodarnos en uno de sus sillones de mimbre a tomarnos algo y poder ver las campanas de la Giralda más de cerca todavía...
Empieza a hacer calorcito, y se acerca la hora de comer, así que nos vamos a Metos Gago y nos tomamos una tapita de pringá en la bodega de Santa Cruz para ir abriendo boca. Y de ahí subimos a la calle Mesón del Moro, al restaurante San Marco, lugar que albergó unos antiguos baños árabes y donde hoy se puede desgutar el mejor Risotto de la ciudad.
Mucho han oído hablar del Barrio de Santa Cruz estos amigos míos, y se mueren de ganas por conocerlo, así que no perdemos tiempo: salimos de San Marco, y aquí estamos, en plena judería. Huele a frescor y se oye el eco de nuestros pasos quizá por el enorme laberinto de calles estrechas en que nos encontramos. Lugar plagado de encanto, historia y leyendas que bien merecen ser contadas mientras lo recorremos:
en 1481, en la época de los reyes Católicos, empezó a fraguarse un complot por parte de los judíos. Esto sucedió como represalias al trato sufrido de parte de los cristianos.
La cosa ya venía de un siglo antes, cuando se produjo una gran matanza, con cerca de 4000 judíos muertos en la que casi terminaron con los judíos de Sevilla.
Los judíos intentaban, mediante el citado complot, hacerse con el control de la ciudad. Para ello también buscaron el apoyo morisco. El lugar elegido para la reunión de estos fue la casa de Diego Susón judío converso, cabecilla de la revuelta. Este banquero vivía con su hija Susana Ben Susón, conocida en la ciudad como “la fermosa fembra” por su hermosura .
La judía recibía tantos halagos de sus vecinos que le hizo soñar con alcanzar un puesto en la vida social de la ciudad y comenzó a verse con un hidalgo cristiano de Sevilla. Un día mientras esperaba que todos se acostasen en su casa para ir al encuentro de su amante se enteró de la conspiración que tramaban los suyos con su padre a la cabeza , en la cual pensaban atacar a los principales caballeros de la ciudad .
Temiendo que le pasase algo a su amado, Susona acudió a su amante para advertirlo del peligro que corría y que así este pudiese ponerse a salvo. No se dio cuenta que con ello ponía en peligro a toda la colonia judía de Sevilla. Su amante al momento puso la rebelión a oídos del asistente de la ciudad Don Diego de Merlo , que se personó en la judería para acabar con la rebelión y detener a los cabecillas de la misma. Entre ellos evidentemente se encontraba Diego Susón, el padre de nuestra protagonista.Detuvieron a los judíos y se lo llevaron a la cárcel , donde permanecieron unos pocos días y después fueron ahorcarlos en Tablada.
Repudiada por los suyos, por ser la causante de la muerte de su propia gente, y tras caer en la cuenta de su grave error, la Susona desesperada busca ayuda en la Catedral donde le dan la confesión y el bautismo. Su amante no quiso saber nada de ella después de lo sucedido y abandonada por todos la bella Susona, busca consuelo y refugio en un convento de clausura de la ciudad .En el cual terminó sus días, muy apenada por ser la responsable de la muerte de su propio padre.
A la muerte de la Susona y tras abrir su testamento, se encontró en él escrito “Y para que sirva de ejemplo a los jóvenes en testimonio de mi desdicha, mando que cuando haya muerto separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo sobre la puerta de mi casa, y quede allí para siempre jamás”.Ciertamente se hizo la voluntad de la misma y tras su muerte y durante más de un siglo, hasta bien entrado el 1600 permaneció la cabeza de esta en dicho lugar en la conocida por este macabro motivo como calle de la muerte.
Tiempo después se colocó un azulejo con una carabela y se cambió el nombre de la calle , por Susona
Se nos hiela la sangre de sólo pensarlo, pero curiosamente todo lo contado acaeció en realidad. Historias de judíos, cristianos, árabes y Tenorios podrían relatarse mil por estos lares.
Cafelito en Doña Elvira y paseo hasta Santa María la Blanca donde por la noche, quizá cenemos pescaíto frito sería el remate perfecto para un día como éste.
Para disfrutar por el gusto os aconsejo que lo hagáis con mimo:
RECETA DE SALMOREJO:
Ingredientes para 2 personas:
200 gramos de pan duro sin corteza
750 gramos de tomates pelados
2 huevos duros
2 lonchas de jamón serrano
1 diente de ajo pequeño 250 ml de agua fría
50 ml de Aceite de Oliva
Vinagre al gusto
Sal
Preparación
Cortamos el pan (sin la corteza) en trozos y los ponemos en una fuente con el agua para que empape.
Ponemos agua a hervir en un cazo. Cuando el agua hierva añadimos una pizca de sal y los dos huevos. Cocer durante 10 minutos para conseguir dos huevos duros.
Cortamos el tomate en varios trozos. Hacemos lo mismo con el ajo y añadimos ambos a la fuente junto con el pan remojado.
Trituramos todo lo de la fuente (pan sin quitar el agua, tomate y ajo) con la ayuda de la batidora hasta que esté muy fino.
Ahora añadimos el aceite, vinagre al gusto y una pizca de sal. Remover todo, probar para rectificar la sal o el vinagre y ya está listo el salmorejo.
Ahora solo nos queda meter el salmorejo en la nevera y dejar que enfríe (al menos una hora o dos) para que el salmorejo desarrolle todo su sabor.
A la hora de servir añade a cada plato un huevo duro picado y la loncha de jamón serrano cortada en tiras.

Pero Sevilla no acaba, esto no es más que un breve aperitivo en el que no se han incluido Triana, Alameda, La Campana y lugares llenos de embrujo y duende que sólo pueden encontrarse viniendo aquí y dejándose llevar por los aromas, las eses aspiradas y el arte.


